BEBER Y COMER CON LA PACHAMAMA

En los Andes, los extirpadores de idolatría representaron a los seres sobrenaturales que pueblan a la Pachamama –divinidad telúrica– como a demonios. De esta manera, se les inculcaba un carácter nefasto. Sin embargo, al profundizar las percepciones indígenas, resulta claramente que son seres indispensables y estrechamente ligados a los humanos por las relaciones de reciprocidad que los envuelven a todos. La Pachamama, como todas las divinidades andinas reviste dos personalidades, una generosa y fértil y la otra vindicativa cuando no recibe su debido. La relación establecida entre ella y los humanos se encuentra en un equilibrio tan precario que cualquier gesto equívoco puede conllevar represalias. Recién entonces, la gente afirma que la Pachamama es malvada, que ataca a las personas, los animales y los terrenos cultivados. Para evitar estas calamidades y porque se considera que es golosa y sedienta, se le ofrece –en un gran banquete- unas ch’allas (libaciones de bebidas alcoholizadas), unas q’owas (ofrendas que comportan entre otros grasa, sangre, principios energéticos y vitales) pero también se realizan sacrificios en su honor. Los dones de bebidas euforizantes favorecen la mediación entre el mundo de los humanos y el otro mundo, aquel de la naturaleza animada, de lo invisible. Las ofrendas se insertan en una lógica de reciprocidad que requiere cuidar a la Pachamama como a una persona caprichosa y proveerle en cantidad suficiente los alimentos y las sustancias que la divierten y la estimulan. Luego estará predispuesta a escuchar y demostrar su gratitud bajo la forma de buenas cosechas, de lluvia, de la multiplicación de los rebaños, de buena salud, de ayuda y de protección. En suma, quisiera describir en esta ponencia la diversidad de contextos en los cuales tienen lugar las ch’allas y las q’owas que dependen de los destinatarios, todos ellos avatares de la Pachamama o de los espíritus que la habitan.


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