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DEL CONCEPTO DE TRATA Y EL DISCURSO JURÍDICO

La historia de la trata es una historia desafortunada. No le dejan ser lo que es, siempre a merced de intereses que poco tienen que ver con la proclamada protección de sus víctimas. Desde los inicios de su reconocimiento internacional, cuando se decía pensada para tutelar a las mujeres que se trasladaban a otros países con fines de prostitución, el objetivo real era el de abolir cualquier práctica de prostitución por voluntaria que fuera, supuestamente en nombre de la moral y de la dignidad femeninas. Más tarde, cuando la trata perdió los contornos de género y se convirtió en un delito neutro con finalidades que excedían la explotación sexual, la prioridad de la lucha contra ella fue en nombre de la seguridad y el resguardo de las fronteras frente al peligro supuestamente representado por los inmigrantes, una pretensión que persiste y se renueva hoy con la excusa de luchar contra el terrorismo. Y, finalmente, cuando se dice perseguir un enfoque grandilocuente de derechos humanos y se asimilan trata y esclavitud, teóricamente para tutelar los derechos de la personalidad de sus víctimas, su suerte no ha sido mejor porque esa noción de esclavitud se está revelando inservible gracias a su indefinición y a la avalancha contemporánea de otras nociones inciertas, como las de servidumbre o trabajo forzado, que le roban espacio aplicativo sin aportar ningún contenido esclarecedor que pudiera resultar fructífero y que hace poco creíble cualquier discurso jurídico sobre la trata. Esta es una historia que merece ser contada.
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