La cultura fluida y el hombre fluido. Un ensayo filosófico de neuroantropología humanista

La crisis es una tremenda oportunidad para conectarnos con la cultura in vivo, como flujo de valores, comportamientos, reglas, cambios interacciónales y neurales sutiles. Pero nuestra modalidad de representar la cultura es rígida: la cultura no es un objeto sino un proceso. Mi hipótesis es que el fundamento de la cultura y del hombre contemporáneo es el cambio heraclitico y que el hombre funcional en una cultura fluida tiene cuatro rasgos (apud C. Rogers y M. Lipman): 1. La empatía 2. La autenticidad 3. La interacción positiva 4. El pensamiento critico El hombre fluido es adaptado a un medio interaccional en cambio continuo y permanente. Por eso la cultura no es solamente mediadora, dando forma a las interacciones, pero es también modificada por los intercambios fluidos. Lo que las neurociencias aportan a la antropología es la modalidad íntima de interconexión entre la cultura y el cerebro. Tenemos atención solamente al comportamiento y perdemos de vista el intercambio sutil entre los dos: el cerebro es transformado por el entorno cultural y las interacciones y las micro-estructuras sociales tienen como fundamento el cerebro. Como aplicación me refiero a la educación y a su crisis determinada por la falta de reconocimiento de la natura fluida de la cultura contemporánea que tiene como consecuencia  la falta de preparación para la vida socio-cultural, la falta de funcionalidad.