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Cómo llegar a todo sin hacer nada

La paradoja de este título encierra la profunda necesidad de redefinir nuestras expectativas como individuos y sociedad. La happycracia, idioticracia o ideología felicista han normativizado qué debemos esperar de la vida y cómo conseguirlo. Y para que funcione la ilusión óptica, cuál espiral de Fraser, aparece la economía de la atención, capaz de mantener el hechizo. Sin tiempo y sin atención, el umbral de conciencia superficial en el que nos instala la aceleración deja muy poco margen a la creatividad y el cambio. Vivimos en la necesidad autoimpuesta de estar permanentemente ocupados pero olvidamos, o desconocemos que, si bien el cerebro es la máquina más extraordinaria, para que ésta funcione correctamente debe pasar largos periodos de tiempo sin hacer nada, ni siquiera meditar. Se trata de la poco conocida red neuronal por defecto (RND), que se activa únicamente cuando no estamos enfocados a ninguna tarea. Algo cada vez más difícil cuando el precio de nuestra atención juega en bolsa . `No hacer nada´ permite que el cerebro se reorganice, y es entonces cuando las verdaderas percepciones, sean artísticas o científicas, emocionales o sociales pueden producirse (Smart, 2014). Una red cerebral que activa áreas relacionadas con la conciencia mientras se mantiene la relajación. Por lo que la inacción y la distracción, pasan a ser bajo este prisma, herramientas disidentes de autocuidado. Un cuidado que nos permita desactivar la velocidad emocional y enfocarnos de nuevo en la totalidad del paisaje.

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