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Infraestructuras sagradas, movilizaciones desbocadas. La ocupación del aeropuerto de Barcelona, octubre 2019

La ocupación del aeropuerto de Barcelona como objetivo de una marcha independentista de protesta en octubre de 2019 invita a diversas reflexiones. Por una parte, advierte de la percepción de que el poder ya no es gubernamental, sino infraestructural, y que las formas de contestación conviene dirigirlas al boicot de instalaciones clave como las de movilidad; por ejemplo, los aeropuertos. Pero también que toda acción contra este tipo de infraestructuras no es solo logística, destinada a colapsar redes de transporte, sino también iconoclasta, en el sentido de que interpela de manera hostil lo que Walter Benjamin, refiriéndose a las estaciones centrales de tren, identificaba como los nuevos templos de la modernidad, consagrados a los dioses del ferrocarril. Pero aquel episodio de protesta advierte de otro fenómeno: el de determinadas formas de apropiación insolente del espacio por parte de coaliciones de viandantes que desacatan y se desentienden de las rutas formales previstas y comunicadas  para la protesta. En este caso, volvió a producirse una forma desbocada de movilización, en que un grupo humano que se desplaza compacto con fines expresivos traza deambulaciones inopinadas e incontrolables por la trama urbana, al margen de los itinerarios ceremoniales que, a la manera de las procesiones religiosas, tienen marcadas como obligatorias las manifestaciones autorizadas.

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