¿Esperamos milagros? El mundo (no del todo) desencantado

Ninguna de las grandes religiones actuales espera la solución del Covid 19 de parte de los dioses o de dios alguno. El cristianismo, el islam, el budismo, el hinduismo y la religión tradicional china, religiones que en conjunto cuentan con el 66% de la población mundial, tienen los ojos puestos en la ciencia como la solución a la pandemia mundial. Tampoco las religiones profesadas por pequeños grupos esperan soluciones fuera del alcance de la experimentación en laboratorios. Puede ser que sea la primera vez que la humanidad no clama a los cielos por soluciones de lo que acontece en la tierra. Ello no quiere decir que los dioses hayan desaparecido de las subjetividades individuales, de ninguna manera, sino que las religiones como instituciones no tienen la solución a un mal que ocurre en la tierra, por lo tanto, no pueden capitalizarla. La desaparición del horizonte sagrado como ámbito de las soluciones a conflictos humanos es toda una novedad en la segunda década del siglo XXI. Puede ser que marque un hito en la historia de lo mítico humano, de los alcances civilizatorios, porque esa capacidad de solución se ha trasladado a la ciencia. ¿Qué tiene la ciencia para apropiarse de la esperanza? La religión y la ciencia han sido dos grandes visiones sobre el mundo que, en ocasiones, parecen contrapuestas, pero que comparten un eje común: prometen el bienestar: el paraíso sobre la tierra la ciencia o el paraíso después de la vida terrena, las religiones.


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