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CRUZANDO MÉXICO. VIOLENCIA DE GÉNERO EN LOS PROCESOS MIGRATORIOS EN EL ESTADO DE PUEBLA

En las últimas décadas se observa una clara tendencia a intensificar un protagonismo de la arquitectura en los nuevos cementerios, tendencia que aparece de manera tímida en la década de los años 70 del siglo pasado de la mano de arquitectos como Aldo Rossi y Carlo Scarpai, y ha ido extendiéndose como modelo a seguir por las nuevas necrópolis. Este seria el caso del cementerio nuevo de Igualada encargado a arquitectos catalanes de prestigio internacional: Enric Miralles y Carmen Pinós, nombrado como uno de los paradigmas de necrópolis postmoderna de gran valor, no solo como espacio arquitectónico sino también como una obra de arte. Los proyectistas en su intento de construir una reflexión profunda del paso de la vida a la muerte, de un lugar liminal, utilizaron para su construcción un diseño y una serie de materiales – volúmenes sostenidos, tumbas semiabiertas, escaleras, piedras, troncos, etc,- que más que facilitar el uso tradicional del cementerio, hacen que este no cumpla con unas de sus funciones originales: ser un lugar de paso o un espacio público. A más de una década de su construcción, aún hay igualadinos que prefieren visitar e incluso ser enterrados en el cementerio viejo de la ciudad. Llegados a este punto, parece ser que a pesar de la gran cantidad de dinero que la ciudad de Igualada se gastó en la construcción del nuevo camposanto, no haya servido de nada ya que “queremos un cementerio” es una de las expresiones repetidas en algunas entrevistas realizadas a informantes.
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