¡Somos diferentes!, a lo mejor ¿de alta complejidad?: la diversidad cultural en las políticas educativas en Barcelona.

El marco de análisis de la ponencia está sobre el eje de la etnografía y la evaluación de políticas educativas. A lo largo de 5 meses estuve participando de un proyecto lingüístico que proporcionaba ofrecer soporte de comunicación oral en inglés a los alumnos de primaria de una escuela pública en Barcelona. El centro en referencia es catalogado bajo la etiqueta de “alta complejidad”, por lo tanto, en su contexto está implícito la diversidad cultural. Tras dicha experiencia, en donde he ejercido doble roles, uno de técnico de inglés y el otro de etnógrafo, me propongo a reflexionar acerca de los criterios que se han elegido para clasificar una escuela como de alta complejidad basado en las características socioculturales de su entorno. Es decir, ¿hasta qué punto no es contraproducente etiquetar un centro teniendo en cuenta, por ejemplo, indicadores de baja calificación profesional y limitada situación económica por parte de los padres/tutores, asimismo, la presencia de un alto porcentaje de alumnos oriundos de diferentes países? A lo mejor esto no significaría complejidad sino diversidad social. Parto de la premisa que la etiqueta de “alta complejidad” es un  estereotipo y, por lo tanto, suele generar el estigma, la discriminación, tanto entre las escuelas como, internamente, entre los alumnos. Desde este punto de vista, me permito pensar que se debería desarrollar políticas educativas en el sentido de dejar de estereotipar las diferencias y plantearlas no como un estigma sino convertirlas en una herramienta para promocionar la propia enseñanza. 


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