Cultivos de manzana y biopolíticas del origen

En esta comunicación planteo cómo se producen trasvases, que actúan bidireccionalmente, entre las prácticas de cultivo de manzas en dos localizaciones enográficas distintas (Gerona y Asturias) y las concepciones y performances del “origen” (entendido aquí en un sentido geográfico, desde la idea de autoctonía). En ambos casos los programas de selección y mejora genética lidian con el problema de la plasticidad de los organismos (qué cuenta como una “variedad” del fruto) y el propósito de recuperación y/o potenciación de las variedades locales. Sin embargo, los dispositivos que se ponen en juego muestran maneras distintas de (re)producir el origen: en Asturias, el trabajo de campo de los biólogos por terrenos de toda la región en busca de variedades de manzana en extinción, es un primer paso para una ardua labor de identificación y catalogación de variedades “autóctonas”. En Gerona, la importación de variedades desde todos los puntos del globo no es obstáculo para una producción, no menos laboriosa, de las manzanas locales como aquellas que mejor se adaptan al suelo y a las particularidades climatológicas de la zona. En ambas localizaciones, los dispositivos en los que tienen lugar estos “cultivos del origen” incluyen en primer término a productores y agencias públicas y privadas de experticia científico-técnica, en contextos de producción de la manzana no solo como bien de mercado con certificación de origen (para la elaboración de sidra asturiana en un caso y de poma de Girona en el otro) sino también como operador de identidades políticas.


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