DIBUJANDO OBJETOS DE CAMPO: SE HACE CAMPO AL “RELATOGRAMAR”

Las practicas artísticas y las culturas digitales son algunos de los lugares desde los que se están inventando, experimentando y prototipando otras formas de investigar. Prestando especial atención a formas de representación no sólo narrativas, no sólo lineales que permitan contar, facilitar, cuestionar, recoger y guardar procesos de investigación. Más que dibujar un método, se trata aquí de esbozar algunas preguntas sobre cómo ciertos dispositivos metodológicos dibujan y producen campo, o dicho de otra forma de cómo una metodología de registro y archivo puede producir objetos de estudio que reformulan con ellos los límites del campo. Y hacerlo a través del relato de un artefacto llamado relatograma, un dispositivo de escucha, un modo de afección con el campo, que nace al calor de una práctica de dibujo y arroja pequeñas escenas de forma gráfica y narrativa. Un objeto propio de la cultura del upload, que explora su potencial al convertirse en objeto en circulación, abundante y múltiple, que se intercambia, linkea y adjunta y es quizás en la capacidad de ser compartido donde adquiere su potencial. Una suerte de testigo modesto del tomar parte en lo común, que produce escena, pequeñas infraestructuras de la mirada que permiten divisar un panorama, esbozar un campo más abierto. Si tomamos lo experimental que nos da derecho al ensayo y los métodos que nos dan la posibilidad de dibujar mundos ¿qué tipo de campo se hace al relatogramar? Dibujo a dibujo emerge un entorno común que desde el cuidado material produce símbolos y afectividades, escenas donde se curan quizás los egos, porque si se trata de dar cuenta de un “lo que hay pasa”, lo que hay es lo que también nos pasa.


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