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Etnografiar una almazara. Reflexiones de un antropólogo almazarero

Trabajar en una almazara con las competencias de la antropología, puede permitir tener una mirada privilegiada en la observación de algunas dinámicas ligadas a la cultura del aceite. La almazara, a los ojos de un antropólogo, puede resultar no sólo un interesante lugar de encuentro entre campesinos, sino también un espacio impregnado de una fuerte carga simbólica, observable, por ejemplo, como lugar capaz de crear desconfianza y, a la vez, como “tribunal de la competición” entre los oleicultores. Las relaciones que se van creando dentro de una almazara son relaciones típicas de ese lugar, ya que nacen y mueren en un espacio definido. Sin embargo, todas estas dinámicas relacionales permiten observar cómo el mundo del trabajo afín al olivo está cambiando desde el punto de vista económico, patrimonial, ideológico e ideográfico. Finalmente, a través de mi experiencia como antropólogo-almazarero en el centro de Cerdeña he podido considerar la producción del aceite como un objeto de estudio, y la almazara como un “laboratorio antropológico” dónde se hacen explicitos comportamientos, valores y actitudes típicas de la zona dónde se ha realizado el estudio.

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