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El tronco alado, Platón y el viaje (o de la mutabilidad esencial del alma)

Definiendo al chamán como aquél que es capaz de “mudar su modo de ser” y, consecuentemente, también el del mundo, identificamos la forma de su alma con la del propio árbol cósmico. Para ello partimos de la mitología y filosofía griegas, proponiendo una particular interpretación del alma platónica. En primer lugar, exponemos el marco teórico desde el que interpretamos el fenómeno del chamanismo, deudor de la hermenéutica y el psicoanálisis. Posteriormente, estudiamos diversas imágenes de la Grecia antigua que consideramos derivadas del arquetipo del árbol del mundo (el caduceo de Hermes, los argonautas y el vellón de oro, Muerte y Sueño, la Señora de las Bestias, el ciprés blanco, etc). Todas estas imágenes se muestran como variaciones de un mismo símbolo, el del árbol cósmico, y que puede definirse como aquello que atesora la posibilidad de “transmutación ontológica”, es decir, de nacimiento y muerte de cualquier determinado “modo de ser”. Por tal razón, e inspirados por la convergencia simbólica y funcional de Hermes y el árbol cósmico, consideramos que la famosa descripción platónica del alma como un tronco de alados corceles semeja el árbol cósmico interior por el que el humano sube (nace) o baja (muere) de estrato ontológico. Llegados a este punto, concluimos planteando una pregunta teórica: ¿son el chamán y el árbol cósmico expresiones de un mismo principio pero a niveles diferentes (humano y cósmico respectivamente)? ¿Hasta qué punto la desaparición de las identidades “sujeto” y “objeto” desemboca en tal primigenia identificación?