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De la intervención al acompañamiento: redefiniciones desde la vulnerabilidad

El modelo de atención a poblaciones vulnerables ha estado caracterizado por ser de tipo interventor que implica un tipo de control de la población objeto. Así, en el caso de la violencia de género y de la prostitución que son los que ocuparán esta comunicación, los agentes expertos intervienen a partir de protocolos y guías estandarizadas cuyo objetivo es siempre que esas mujeres salgan de la situación de violencia o de ejercicio de la prostitución a la que están o han estado expuestas y que, borrando la marca, el estigma y/o el trauma, recuperen una supuesta normalidad previa o alcancen una normalidad normativa. En estas prácticas la noción de empoderamiento es clave. Frente a este modelo, tanto algunas organizaciones que trabajan con mujeres prostitutas como otras formadas por mujeres que han sufrido malos tratos están proponiendo un modelo que podríamos llamar de acompañamiento. Para este no hay protocolo previo o modelo de empoderamiento al que ajustarse para recuperar o adaptarse a cierta normalidad. Lo que caracteriza, por el contrario, a este modelo es que considera al sujeto supuestamente vulnerable con capacidad de agencia para marcar su propio itinerario y que desarrolla una práctica que se caracteriza por la creación redes de cuidado y de comunidades en las que hacer de la vulnerabilidad una potencia y no una debilidad. La comunicación se apoya en un trabajo de campo cualitativo (entrevistas principalmente) con organizaciones y agentes que trabajan con estos dos colectivos y con mujeres de estos dos colectivos organizadas.
(*)El autor o autora no ha asociado ningún archivo a este artículo
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