Desencuentros etnográficos en la escuela: qué podemos aprender de las experiencias negativas en el trabajo de campo en contextos migratorios

La escuela constituye un espacio social regido fundamentalmente por criterios burocráticos donde las funciones de los sujetos, la delimitación de los espacios y los usos del tiempo, entre otros factores, están a priori claramente establecidos. En este contexto, la figura del etnógrafo o la etnógrafa constituye una anomalía. No está ni se le espera. Sin embargo, sobre todo en determinas zonas, los/as etnógrafos/as llaman frecuentemente a sus puertas. Se abre entonces un complejo proceso de atribución de roles y negociación del acceso. Lo mismo podría decirse de cualquier otro profesional de la investigación que tomase la escuela como campo de trabajo, pero la naturaleza de la etnografía, su carácter intrusivo y extensivo en el tiempo, añade dificultades al proceso. Una de las dificultades centrales con las que se encuentra la etnografía, al ser practicada en contextos escolares, son los prejuicios y preconcepciones que etnógrafos/as y profesionales de la educación despliegan mutuamente, sobre todo al comienzo de la relación de campo. El objetivo de este trabajo es analizar estas miradas cruzadas entre la escuela y la etnografía escolar, identificando las divergencias de intereses, las incomprensiones mutuas, pero también las posibilidades de colaboración entre etnógrafos/as y educadores/as. Para ello se analizarán diversas experiencias etnográficas sobre la acogida de alumnado considerado “inmigrante” en la escuela que, a priori, fueron consideradas como fallidas pero que ejemplifican bien cómo los estereotipos cruzados entre practicantes de la etnografía y agentes escolares condicionan las relaciones de campo y los resultados etnográficos. 


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